lunes, 17 de junio de 2013

EN AMORES SIN TIEMPO

En amores sin tiempo nos encontramos. Sí, que al fin te en-amores sin tiempo.
Hoy eso que antes había ya no está. Los relojes se han detenido, sus manecillas han parado su viaje. Todo el tiempo se ha suspendido.
Estamos en el no tiempo. Algo ha cambiado. No sé si se habrán dado cuenta... pero algo, definitivamente ha cambiado.

Un gran hombre que durante muchos años me enseñó, muchas, muchísimas cosas, una vez me dijo que habían cosas que estaban pero no existían, y existían cosas que no estaban.

Una de ellas podría ser el tiempo y otra, sin duda, el amor.

Sí porque el tiempo está pero en realidad no existe. Eso creo que a estas alturas ya lo sabemos todos, aunque aún no lo creamos. Y el amor existe pero aún no está. Estas son palabras difíciles de asumir.
Y hoy más que nunca se hace evidente que el tiempo se ha terminado, ha detenido su fuga y sólo, solamente, nos queda el presente —sin tiempo—. Así, cada cosa que sintamos hoy, ahora, en este instante, creará el futuro. Pues cada día se crea; lo creamos en base a todos y cada uno de nuestros anhelos y en base a cada una de nuestras diminutas necesidades.

Y así se teje lo que viene y lo que vendrá, en base a los sueños que en la parte límpida de nuestro corazón, supimos y nos atrevimos a ensoñar. Y si de niña anhelé el espacio de un claro del bosque para poder correr libremente, un día —pronto— me encontraré corriendo hacia el horizonte sin límite alguno que detenga mi carrera en pos de mi libertad. Y así, si un día, colmada por el desaliento de la pena, anhelé cantar bajo la lluvia mientras el cielo se pintaba de estrellas y era plenamente feliz y me reía a carcajadas, un día me sorprenderé de la puntualidad con que el Cielo me presenta la imagen exacta de aquél, mi propio sueño.
Pero muchas veces se nos olvida que todo lo que vivimos fue un sueño que tuvimos, un anhelo o una necesidad. Sí, tú llegaste porque yo te pedí una noche a los Reyes Magos. Sí, soy la que imaginé ser de cuarenta cuando apenas tenía veinte. Soy la imagen de mi propia leyenda, del propio cuento que me conté cuando me atrevía aún a hablarles a los dioses de tú pues aún no moría marchita mi inocencia. Así la tarde, así es el tiempo... la narración de mi propia aventura siempre en presente.

¿Y el amor? ¿Es que acaso el amor no existe? El amor me parece un invento que hace muy poco se creyó con la fuerza suficiente como para poder empezar a materializarse. Porque existe una fuerza que nos teje y así nos va uniendo a unos con otros desde el comienzo de la existencia. Y a ese tejido nos ha dado por llamarlo amor. Pero está antes que nosotros aprendiéramos a hablar, y estará una vez que nos marchemos. El amor es algo tan grande que no puede estar en totalidad porque, al menos yo creo, que no lo soportaríamos. Es tan grande el Amor, es tan contundente... que cuando sentimos que nos ronda, sucumbimos.

Me enamoro siempre sin tiempo y aspiro a amar; y cada vez que inhalo y respiro —aspirando a amar— me alejo de eso que me rondó y que me enamoró. Porque cuando creo que lo tengo, ya se fue. Porque cuando creo que lo conozco, desaparece. Porque cuando creo que lo comprendo, me confundo... porque para amar, hay que estar listo para morir al menos a todo lo que hemos creído que somos y que existe.

¿Alguien acaso está preparado para morir-se y amar? Quizá los locos, los vagabundos, los olvidados... quizá ellos podrán saber algo más del amor porque no tienen nada y por ende no tienen nada que perder.

Yo hoy a lo único que aspiro es a un beso sentido, puerta quizá del recuerdo de un tejido que comenzó al comienzo de los tiempo sin tiempo.

Así es un lunes en amores sin tiempo.