viernes, 7 de junio de 2013

... EN FEMENINO

Este fin de semana tiene lugar en este precioso país que es mi México, el Congreso Internacional de Inspiración Femenina.
Este Congreso lleva ya unos buenos años teniendo lugar, siendo por primera vez México el país anfitrión.
Su sugerente título "Revelando en Femenino" me ha llevado hoy a encontrarme con un artículo de hace ya unos años que el magnífico Umberto Eco escribió: "Filosofar en femenino".
Hasta ahora, lo femenino se ha dejado en manos de las mujeres y cuando los hombres hablan de hacer algo en femenino lo depositan en nosotras.
Y sí, todo parece indicar que nosotras somos la manifestación más certera de la energía sagrada de lo femenino.
Pero últimamente también, cada vez más pensadoras, mujeres valientes, sacerdotisas, brujas, meigas, chamanas, y demás, hablan de ir más allá de estos "límites" paradigmáticos, por decirlo de alguna manera. Y al menos para mí, está siendo muy interesante ponerles atención e indagar en las zonas de mi sombra que me permiten encontrar nuevas respuestas.

Hace poco me encontraba en el desierto. Estar en el desierto implica recordar que uno nunca ha salido de allí. La contundente presencia del ánima de todos los seres, el caminar junto a los dioses, la magia en cada piedrita, la noche eterna, el amanecer lleno de sorpresas y sortilegio... Y en el desierto, en comunidad, pude sentir una vez más cuánto nos complementamos los hombres y las mujeres. Como si fuéramos un cántaro roto que el sonido del viento vuelve a unir, a fundir en una sola jícara que pueda contener todo el amor del mundo. Todo el amor del mundo. Sin duda una experiencia inolvidable que al menos a mí me marcará con su impronta desde entonces hasta siempre.

Y aquí vienen los peros...

Pero, es cierto, que cuando el hombre no está, algo mágico ocurre también en la mujer. Sí, el hombre no está siempre —lo sabemos demasiado bien— o al menos no siempre ha estado. Y cuando el hombre no está presente, y las mujeres se reúnen, se apoyan, se confabulan, se hacen cómplices... entonces sucede una especie de mutación. Y ese Yinn se mueve gracias a ese pequeño Yang que contiene, y entonces aparece la música y el baile, la danza, la creatividad y la ilusión. La magia comienza a suceder y los triángulos se transforman en círculos, en espirales que comienzan a girar y girar... ascendiendo hacia el Cielo, descendiendo hasta el corazón de nuestra madre Tierra.

Mucho me he preguntado en este caminar qué tanto debe, puede y quiere una mujer desarrollar su energía masculina y si lo hace ¿para qué?. Así que como yo soy de esas que vive las cosas para aprehenderlas, les cuento que eso he hecho durante el último año: despertar y desarrollar esta energía que reposaba en lo más profundo de mi ser. Y hoy les puedo decir, que si queremos seguir caminando juntas de la mano, mujer con mujer, si queremos dejarle de tener miedo a nuestra propia fuerza, a nuestro poder, si queremos despertar a la sacerdotisa y dejarnos transformarnos por la energía de la diosa... no hay mejor manera que convertirnos en mujeres completas, íntegras, que parimos "solas" a nuestros hijos y que los concebimos con la Divinidad, y esto sucede mágicamente gracias al despertar de nuestra energía masculina.

Pero...
no hay orgasmo más espléndido que volver, regresar de aquél encuentro tomadas de la mano de un hombre y fundirnos en un abrazo de amor con él, para dejarlo ser esa otra pieza que completa el mundo. Y así tejer nuevos mundos.

Sí, las mujeres cada vez más independientes estamos haciendo magia. Y los hombres deben transformarse para ser capaces de recibir como Dios manda, a las mujeres cuando regresan de tales encuentros. Seamos juntos piezas de unas ruinas olvidadas que al calorcito del fuego, arropados en la música del viento, podamos volvernos a fundir en una sola pieza. En un nuevo mundo... dejando atrás la ruina de humanidad.

Filosofar en femenino, revelar en femenino... se puede hacer una noche cualquiera, cuando bajo el manto estrellado del Cielo, una mujer y un hombre se encuentran y se cuentan sus historias, sus viajes, sus aventuras y sus sueños, tejiendo cuentos para contar a los nietos y que se guardarán por siempre en la memoria del corazón.

Parece que soplan nuevos vientos... parece que se llama al hombre a que se mueva de su lugar de confort —quería decir control—. Parece que se llama a que la mujer busque su libertad, su liberación. Parece que es la única manera de que nuestros corazones no estén siempre rotos y divididos en dos. Sino que sus dos espacios se transformen en las alas de una mariposa y emprendamos el vuelo hacia nuevas dimensiones del amor. Parece que hay esperanza que esto sea algún día... ¿será?