domingo, 4 de noviembre de 2012

LA METAMORFOSIS DE UNA MUJER

A ti

El poder, como todos los conceptos, comenzó significando una cosa y con el paso del tiempo, según se fue utilizando, fue queriendo decir muchas más.
Hoy esta palabra tiene muchos significados: desde la maravillosa capacidad de realizar algo, hasta la capacidad de una persona de vencer a otra.
La capacidad de realizar empresas increíbles, nos ha llevado a engañarnos hasta negar nuestra propia humanidad. Así el varón, por desgracia, sigue creyendo que por ser más fuerte en ciertos recursos que la mujer, puede y por ende debe vencerla, forzarla, violarla, humillarla, cuando él se siente amenazado.  Cuando un varón se cree poderoso perpetúa la guerra: con el vecino, con el imaginado enemigo, con el que es más débil, con la mujer y con la divinidad.
Pero lo que otrora fuera un drama perpetuo, cada vez más se convierte en una dolorosísima oportunidad de liberación, en una auténtica metamorfosis: convertir el horror en liberación. Esto es sin duda lo que tanto buscaban los alquimistas al querer transformar el plomo en oro.

El varón cegado por su envidia y su afán de poder, no se da cuenta que cada golpe, nos hace más fuertes; que cada humillación nos regala más claridad; que cada insulto nos auto afirma, y cada violación nos empuja a los brazos de lo divino. Porque cuando una mujer lo pierde todo porque el hombre, el padre o la sociedad patriarcal se lo quita castigándola, a ella sólo le queda un recurso: ampararse en sí misma.

Hasta hace poco la mujer repudiada no tenía otro recurso que prostituirse de alguna u otra manera, someterse a la ira del varón y por demás sentirse culpable de haber anhelado un amor más sincero, una vida más plena o simplemente un sueño "insensato" –como todos los sueños–. Hoy en día aún millones de niñas y mujeres sufren las vejaciones del poder patriarcal y se prostituyen diariamente por mantener el favor de su amo. Su prostitución incluye casarse por dinero, casarse simplemente para no estar solas y sentirse protegidas, vomitar para estar delgadas, rajar su cuerpo para colocarse unas tetas a gusto del señor que impone la moda y un largo etcétera que las anula como seres humanos y las convierte en un objeto de placer y poder ante los ojos, los cuerpos o las formas de pensar de la misma sociedad que las repudió.

Sin embargo, hay destellos de esperanza. Cada día encuentro más ejemplos de mujeres valientes que no cedieron en su empeño de seguir los dictados de su corazón, y no se sometieron. A pesar del terror que las amenazas del varón les causaba, siguieron adelante y soportaron los envites. Medio muertas, eso sí, estas mujeres se ampararon en lo único que les quedaba: ellas mismas, y con ello, sin imaginarlo si quiera, han sido capaces de descubrir sus inmensas capacidades, su ilimitada fuerza, su auténtico poder. De esta forma cada vez más mujeres estamos experimentando el dulce/amargo sabor de nuestra libertad.

La mujer adúltera construyó su fortaleza con las piedras destinadas a lapidarla. Y así como un varón poderoso entendería por fortaleza un fuerte con murallas, almenas, torres y hasta foso con cocodrilos, la mujer lo interpreta como la fuerza que necesita sacar de su interior para salir adelante.
Ya nos lo ha contado la física: la presión es capaz de convertir el carbón en diamante. Los diamantes  no me gustan en lo personal, me parecen sobre valuados y cursis por el valor que hoy los humanos les dan; pero me fascina e impresiona el proceso de transformación de la vida y cómo – al igual que en la metamorfosis de la mariposa– algo se pueda convertir en su opuesto: lo opaco en transparente, lo débil en fortísimo, la ausencia de color en arcoiris.

Cuando una persona descubre el secreto que se esconde detrás del Mal es libre para siempre: nunca volverá a creer que otra persona es su dueña, que alguien puede arrebatarle lo que es suyo... pero para ello debe perderlo todo y con ello ganarse así misma.

Este otoño de hojas caídas y de huracanes en lugares insospechados, que se llevan más de lo que pensábamos, hay ciertos velos que caen para no volver a cegarnos nunca más.