miércoles, 27 de noviembre de 2013

LAS GRACIAS


“Dios te salve María, llena eres de GRACIA, el Señor es contigo. Bendita eres entre TODAS las mujeres…”

¿Qué será la gracia? ¿Tiene que ver con las gracias?

Tengo gracia cuando parece que estoy tocado por la fortuna, la belleza, el buen humor. Como si irradiara un luz especial que convierte mi estar en algo atrayente. Ya no hay juegos en la gracia, todo se acerca a mí de forma bondadosa, positiva, agradable. No hace falta que manipule a mi entorno, que posea a mis seres amados, la gracia fluye a través de mí, y se expande. Y eso, la luz que se emana a mi través, es atrayente para lo que me rodea. Sea esto un entorno social, animal, vegetal. El viento parece haberse confabulado con mi existencia, me acaricia, y no me empuja.

La gracia permite el congraciarse. Y esta palabrita, congraciarse, trata justamente de contagiar el estado de gracia.

Hay seres que nos levantan, y otros que nos tumban. El sanador, la sanadora, son precisamente aquellas personas que nos levantan. Y todos necesitamos, en mayor o en menor medida, según el ciclo por el que estemos atravesando, que a veces nos levanten.

La gracia es un alimento. Si me alimento de un entorno agraciado, si mis hábitos están en concordancia con la gracia, si mis pensamientos y mis sentimientos, están en sintonía con la gracia de la vida, es mucho más factible que yo pueda vivir en un estado de gracia.

Pero aunque suena sencillo, la dificultad en alcanzar dicho estado y sobre todo permanecer en él, radica en estar dispuesto a vivir cada día como una acción de gracias.

No se ha transmitido correctamente la gratitud. Pareciera que tiene que ver con la cortesía, y por ende con una educación correcta, que se queda encerrada en el ámbito de lo social. Pero que adolece del ánima agradecida y la mayoría de las veces es correcta pero estéril y forzada.

Pienso que esto se ha establecido así, entre otras cosas, porque la gratitud es una virtud que se va refinando y perfeccionando con el tiempo. Va de la mano de la madurez. Un niño no puede ser agradecido, pues aún no sabe prácticamente nada y por supuesto no tiene una consciencia desarrollada de él mismo, del otro, de lo otro. Así que le enseñamos a dar gracias, y él lo aprende y lo repite, pero la gratitud no vibra en él aunque a veces la pueda llegar a sentir de una manera genuina. La infancia es una etapa profundamente egoísta, y así debe ser, como parte del desarrollo de un ser humano normal y saludable.
El egoísmo infantil aún tarda muchos años en desaparecer para dar paso a un psiquismo emocional o anímico más consciente. Y en muchísimos casos nunca llega a desaparecer del todo.

Así la gratitud es un proceso que se empieza a desarrollar en la edad adulta y que encuentra su punto álgido a partir de la mitad de nuestra vida. Al menos como posibilidad.

La gratitud es el estado de consciencia en el que al apercibirme del tejido de lo divino, —que como una red transparente, me sostiene y me provee de todo aquello que requiero para poder darle curso a mi existencia—, me convierte en un ser que en la medida que recibe da, permitiendo el flujo creador de la existencia. La diferencia entre un ser agradecido y un ser desagradecido es que el primero permite y el segundo detiene y bloquea.

Así, para hacer el concepto más accesible, si al despertarme cada mañana hago consciencia que he dormido en una  cama, que tengo un techo sobre mi cabeza, que me espera un desayuno, que ha vuelto a salir el sol, y que tengo la posibilidad de escoger entre cómo vivir mi día —por ejemplo— no podré evitar sonreír, y sonreírle al mundo. Sonreír al mundo implica disfrutarlo. Me baño y disfruto el agua que cae sobre mi cabeza. Acerco mi taza de té o café caliente a mis labios y disfruto lo que éste hace en mis entrañas. Y así, sonriendo, agradezco. Agradezco con mi actitud, pero no desde la cortesía, sino desde el gozo del placer.

Sí, porque el placer y la gratitud van de la mano. Todas aquellas personas que atraviesan un periodo difícil en las que se nubla su consciencia y no pueden ver lo maravilloso de la vida, se caracterizan por no poder disfrutar de las pequeñas cosas. Así que buscan grandes cosas para poder recuperar ese gozo. Y por grandes, me refiero a experiencias más fuertes. Quizá beben, o miran pornografía, o desean cosas materiales, o se atascan de comida, o se enferman…

Las personas que por su desarrollo evolutivo son capaces de disfrutar las pequeñas cosas, descubren el placer y el gozo que se esconde detrás de ellas, y lo devuelven. Pero no por obligación, mucho menos por moral, por tratar de ser buenos, en absoluto por culpa, sino porque les es inevitable. Ya no entra la voluntad en ello, es algo que surge irremediablemente como consecuencia de un estado de ánimo.

Todos los seres humanos, después de un día de esos redondos, en los que todo ha salido bien, todo el mundo ha sido amable, lo hemos hecho todo bien, y por colofón terminamos el día con amigos, pasándola realmente bien, riendo, y nos vamos a la cama con nuestro amante, y hacemos el amor de forma suave y apasionada, todos sonreímos y somos amables, y nos dan ganas de vivir y hacer cosas buenas. Pintar un cuadro más bonito, escribir una poesía, componer una canción, o tratar mejor a la secretaria… A todos nos pasa esto, sin excepción.

Este estado es un estado de gracia, es un estado de agradecimiento. Y damos, pero no porque debamos nada, si no porque nos apetece ser buena gente, nos sale natural.

Mañana es el día de acción de gracias. Ahí se los dejo.

Mientras, les comparto que he abierto mi consulta, por si se quieren dar una vuelta. Me han preguntado mucho qué tipo de terapia hago. La terapia que doy es una terapia de gracia y agradecimiento. Se trata de congraciarnos. Es un espacio en donde comparto la inmensa gratitud que siento por la vida, para ver si a ustedes se les puede contagiar un poco. Y esto lo hago a través de diversas técnicas pero sobre todo a través de las manos, aunque según sea el caso pueda haber una puntura, una moxa, un qi gong, una hidroterapia, un canto sanador. Nunca se sabe, el que sana nunca sabe lo que va a hacer hasta que no tiene enfrente a la persona que acude a él.

Gracias por visitar este espacio una vez más. Sonrían, aunque no lo crean, Dios los ama.