lunes, 17 de septiembre de 2012

MENOS MAL


Se desliza la voz de Andrea Echeverri, y desde la mañana —como algún otro lunes—, la semana comienza sembrada de dulzura ¡menos mal!.

Menos mal que encontré a mi menos mal... ¡menos mal!.

En este devenir del tiempo, ya he pisado los terrenos de la pasión arrebatadora y enloquecedora; ya he sufrido el desengaño de la realidad; ya me ha dolido de forma cruel el haber estado colgada de una película que parecía que no iba a acabar nunca; ya se ha desteñido el príncipe y el romanticismo ha retrocedido las suficientes casillas para ya no tenerlo en cuenta. Ya las palabras no me calan si el arrojo de la acción honesta no las acompaña; ya una cara renacentista y un cuerpo de aplauso me producen una lejana admiración. Ya cuelgan en mi rosario suficientes pérdidas para añadirles a cada una, un piadoso y cínico rezo.

Menos mal que apareciste 
menos mal me convenciste
menos mal sigues aquí

Es que cuando el otro se convierte en tu páncreas o tu vesícula, en algo profundo, hondo e indispensable, pocas letras le hacen justicia.
A veces escucho las letras de muchas canciones acostumbradas y reconozco que aquello ya fue, y si  miro a través del espejo de mi realidad cotidiana, es difícil hacerle justicia a tanto esfuerzo, a tantas ganas, a tanto auxilio de madurez. Son pequeños detalles pero tejen una vida saludable como un melón, una vida sensata como un insecto, una vida normal como la vida misma.

Pero poco se poetiza a lo saludable, a lo sensato, a lo normal. Demasiado poco.

Por ello hoy tiene todo el sentido tu canción Andrea, una de las canciones más ciertas acerca de la certeza de eso que yo llamo amor.

Menos mal nos ofendimos
menos mal nos perdonamos
menos mal nos dimos otra oportunidad

Mi menos mal está lleno de pequeñas grietitas, de sombras y matices. Mi menos mal me saca de quicio lo suficiente para admitirlo. Mi menos mal no está terminado como un cuadro que se puede colgar y entonces decorar. Mi menos mal se hace mayor, le cambia el cuerpo, la mente y el corazón. 


Menos mal que construimos
menos mal que decidimos
a seguir hasta el final


Su menos mal —que soy yo—, estoy plagada de insultos a mí misma, llena de historias que no se pueden depilar, de defectos que no se quitan, de pecados sin confesar.

Menos mal nos equivocamos
menos mal nos enmendamos
menos mal volvimos a empezar

¿Cuánto valor se le da al estar? ¿Cuánto al confiar?


No te vayas nunca
lo malo disculpa
no te alejes
no me dejes

Estar es estar, y no tiene vuelta de hoja. Entregarte cada día es igual de valiente que lo es el sol cada amanecer. Confiar siempre es permanecer en la estela de la vida. Creo que algo así será la inmortalidad.

Menos mal que apostamos 

Que semillitas sembramos 

Que nos hacemos reír 


Menos mal nos divertimos 

Como niños sorprendidos 

Menos mal sentimos 
juntos ganas de vivir 



Menos mal tener con alguien, juntos, ganas de vivir... ¡uf! Menos mal.

Menos mal nos conectamos 

Menos mal nos impregnamos 

Menos mal nos penetramos

Sí, yo no sé nada del amor, creo que nadie lo sabe; pero pienso que debe ser algo parecido a esto, algo así de vivo, de diario, de constante, de inmortal.

Menos mal, que después de vivirlo todo, existe el menos mal.

No te vayas nunca
lo malo disculpa
no te alejes
no me dejes


(La letra sin interrupciones en Lo Maravilloso, como debe ser)