lunes, 14 de enero de 2013

¡SALUD!



un diente de león que se escapó de mi pluma



El regreso a la vida cotidiana me recuerda siempre a aquella sensación de electricidad que sentía de niña cuando me tocaba el turno de saltar a la cuerda. También a tomar el primer escalón de unas escaleras eléctricas; a ciertos juegos en la feria… Es meterse en una corriente que, como la de un río, nunca se detiene; es entrar en algo que permanece en movimiento.

Encarrilada ya en este ritmo cotidiano que es tan veloz como la luz, lo que más me suele costar es cambiar el lenguaje y el enfoque. ¿A qué le pongo ahora atención? Hay tantos estímulos, noticias, temas… ¿De qué escribir esta semana, ahora que la sencillez del campo ha quedado atrás como recuerdo?

Como es habitual, miro dentro y fuera esperando una llamada, una señal —sí, se puede decir que soy así, así de supersticiosa quiero decir.

En esta ocasión el flujo inspirador ha escogido la salud. "Salud: Ese estado de complacencia en el que uno se siente a gusto”. Esta es mi muy particular definición, pues hay cosas que para unos resultan muy molestas, como un estreñimiento, y sin embargo se saben de millones de casos, de mujeres sobre todo, que viven estreñidas como si fuera el estado natural de nuestros intestinos y se toman pastillitas y ¡listo!, se acabó el problema. Así que esto de la salud es tan relativo como los gustos, los valores y las costumbres.

Pero la verdad desnuda como Eva, es que más allá del nivel de SDM que tengamos cada uno, a todos nos gusta sentirnos bien. Y como el sentirnos bien pasa por lo físico, lo anímico y lo espiritual, la salud es algo muchísimo más amplio que aquello que instituciones sanitarias, nacionales o internacionales, nos definen. Va muchísimo más allá de los médicos, las medicinas y los hospitales. Del ejercicio, las dietas y las horrorosas abstinencias. Contempla, eso sí, un sin fin de hábitos, de pensamientos, de costumbres, de entornos. Implica nuestras creencias, nuestros amores, la música que escuchamos, lo que danzamos y lo que no. Implica si escribimos o si dibujamos, si estamos sentados horas o si caminamos.

Los especialistas hoy hablan de estilos de vida, pero yo —que soy muy mía— le tengo manía a este tipo de conceptos y hay palabras a las que por culpa del uso común he llegado a aborrecer. Ahora se me ocurren estilo de vida y ego. Dejo el ego aparte por hoy y ya lo retomaré un día que esté más punk… es decir prontito. Pero es que esto del estilo de vida me hace pensar que lo pudo nombrar la redactora de VOGUE. Estilo de Vida. Casi nada. Estilos de vida o estilos de muerte, me suenan de lo más fashion.

Creo que la vida es un asunto mucho más sencillo —y no por ello fácil—. Si uno procura cuidar y cuidarse, es muy posible que se sienta mejor. Y cuidar no es un asunto moral ni económico, nada más alejado. Cuidar y cuidarse tiene que ver con los sentidos —por donde todo comienza para nosotros—. Escuchar/se, mirar/se, gustar/se, sentir/se, oler/se. Así uno puede darse cuenta qué le hace falta —cambiar, aprender, pulir, desarrollar, comer, escuchar, desechar, comprar…— y en base a ello suplirse de aquello por la vía que le sea posible.

Se hace camino al andar… Y caminando uno va descubriendo. Hoy les quiero compartir algunos descubrimientos en base a tomarme en cuenta:

• Meditar diario se siente bien y hace ir más de-espacio —dejémoslo ahí…

• Prevenir enfermedades (como yendo mensual o semanalmente con algún excelente sanador) es más sencillo que curarlas

• Mover el cuerpo, según él mismo te diga, lo fortalece. Y él, tan agradecido, te recompensa sonriéndote por las mañanas

• Las hierbas son sabias y tomarlas nos alimenta de su sabiduría (el toronjil enseña a vivir en calma, la tila a que aquellos corajes no se conviertan en úlceras, el té verde a respirar mejor, el jengibre a vivir con ganas… )

• Escuchar música —pero aquella específica que tu alma necesita escuchar en ese momento— apapacha el corazón

• Cantar nos sana desde la raíz y nos hace encontrar nuestro lugar en el mundo
• Escribir nos descubre, nos quita velos
• Dibujar nos amansa y nos hace más ligeros
• Leer nos sacude de encima la ignorancia propia de los imbéciles valientes o los valientes imbéciles
• Divertirnos nos mantiene en la cordura
• Hacer rituales nos permite imaginar
• Imaginar nos permite hacer magia... 

Y el que es mago/maga de profesión créanme que tiene muchos más recursos que la mayoría para sentirse a gusto con la vida que le va tocando vivir.

La salud se basa en eso, en ser capaz de vivir lo que nos corresponde: enfermos o sanos, con piernas o sin piernas, con vesícula o sin ella, con madre o sin ella, con pareja o sin ella, con dinero o sin él. Es sencillo pero no fácil y nos corresponde trabajar en ello cada día, si nos interesa vivir en un estado de permanente complacencia, es decir, a gusto.

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Así que en este lunes de cuidados compartidos, para que estas palabras no queden como un discurso más o menos bonito, los invito a que estén atentos porque pronto se abrirá un nuevo grupo de poesía (invitación para todos aquellos que residan en el DF o cerca) y en todas las lunas llenas —sólo para mujeres— nos seguiremos juntando a compartir ciertos conocimientos propios de nuestros úteros. Trabajando en pos de cuidarnos a nosotros, a los demás y al entorno.

Sí, esto es cuidarse y mantener la salud: llevar a cabo nuestros sueños. Así que a quien le interese enterarse más a detalle de las actividades que planea esta aprendiz de maga ensoñadora, escríbanme a envisiblemexico@gmail.com.

¡Salud queridos!