jueves, 13 de febrero de 2014

LA MAYORÍA OPRIMIDA


Estos días, El Cuenco de Baubo compartió en mi muro un cortometraje francés que así se titula: "La mayoría oprimida", y que si quieren pueden ver aquí.

Después de echarle un vistazo, me surge la siguiente pregunta: ¿Qué hacemos con esta situación?
La mujer vive en un sistema que la oprime, que la maltrata aún todo el tiempo. Parece, engañosamente, que quien nos oprime como genero es el varón, y digo engañosamente, porque el varón está igual o más oprimido que la mujer.  Decir esto parece una broma cruel, pero es la verdad. Los pobres varones están tan oprimidos que no lo ven, no nos ven, y no se ven a sí mismos —ni los más listos, me atrevería a decir—. Tanto así que este cortometraje lo retrata bien, pongamos a un varón en el lugar de una mujer a ver si así las comienzan a ver…

Como dice Marion Woodman en el fabuloso documental dedicado a ella "Dancing in the flames " (y que pueden disfrutar picando en el link), "El enemigo de lo femenino no es el varón, el enemigo de lo femenino es el patriarcado".
El sistema patriarcal hoy por hoy ya no sirve, es total y absolutamente obsoleto, y como tal, al atravesar esta crisis derivada de su agonía, las cosas siempre se ponen peor. No hay más que verlo en toda la historia del siglo XX, en la crisis económica actual, en la banca, en la corrupción de los gobiernos, en la ausencia de líderes carismáticos en la política, en el derrumbamiento de la Iglesia, en el incremento exacerbado de los divorcios, en los asesinatos de mujeres en manos de sus parejas, y un largo etcétera que nos muestra lo moribundo del sistema.

El patriarcado es el sistema que lleva operando casi en exclusividad al menos entre unos 3 y 5 mil años en la humanidad. Como somos tan pequeñitos y miopes, pensamos que es la única manera de vivir y funcionar, de amar y de relacionarnos; pero la humanidad lleva muchísimo más tiempo habitando este Planeta, y antes del patriarcado existía otro sistema, y seguramente antes de ese otro más. Ya nos perdemos en el tiempo, en aquellos momentos donde no existía civilización, y no nos ha llegado información de entonces. Pero lo que sí sabemos es que no siempre fue así como es hoy, y eso, como mínimo, nos debe dar pistas que se traduzcan en esperanza. (Les dejo una joyita para meditar en ella: antes del patriarcado no existían los padres, porque los hombres no sabían quiénes eran sus hijos. Como no existían los padres, tampoco existían las esposas, como no existían las esposas, no existía la prostitución… y así como fichas de dominó, tiras una y se caen las demás).

Sigamos...
Cuando una vez más, los datos, las noticias, las estadísticas, nos hablan del maltrato a la mujer —yo diría que a lo femenino más bien, pero dejémoslo hoy ahí— tenemos de dos: abrir los ojos y sentirnos y vivirnos como víctimas (y los varones sentirse culpables), o bien abrir los ojos y hacer algo al respecto. La primera opción es tentadora, sobre todo para la razón, pero nos des-empodera (valga la palabra), nos quita nuestra fuerza. No hay posición más inconveniente que la de la víctima, pues su salvación siempre estará en manos del victimario. La segunda opción es sencillamente más sana, y considerablemente más eficiente.

Miro el cortometraje y pienso en qué hemos hecho las mujeres, como mayoría, al sabernos maltratadas, violadas, insultadas, abusadas… Creo que lo que estamos haciendo, aunque todavía no se note siempre, es hacernos muy fuertes. Tan fuertes como una bacteria de esas que viven en hospitales y ya son resistentes a todo tipo de antibióticos. Nos estamos haciendo tan fuertes que poco a poco hasta se están cayendo las instituciones patriarcales que más nos habían sometido, como son el matrimonio y la familia. Aún estamos más verdes en otros temas como el amor, y falta remover aún más las piedras que lo sostienen, pero ahí vamos, ahí vamos desmitificando lo que parecía VERDAD, verdades inamovibles.

Hoy y durante muchos, muchos años más, la mujer es y será maltratada. Mientras continúe este mismo sistema de creencias que ha provocado este comportamiento, seguirá el drama, para todos. Pero, se empiezan a ver cambios, comienzan a haber nuevas perspectivas, nuevos paradigmas, nuevos enlaces neuronales se están haciendo en el cerebro humano, porque la vida es un proceso de transformación constante y nada, ni siquiera el patriarcado, es y será para siempre. A lo que vamos no es mejor de lo que venimos, no vamos a engañarnos, a lo que vamos es esperanzador porque es nuevo, tiene que serlo. Y a ello, a descubrir eso nuevo que los dioses están tejiendo para nosotros, es a lo que nos abocamos los hombres y las mujeres que hemos hecho consciencia de la agonía de este sistema y cuyas leyes ya no nos rigen, o nos rigen cada vez menos.

Esta nueva fuerza de la mujer va a obligar al varón a moverse, y no le va a quedar otra opción más que hacerlo. Pero además de nuestra referencia, el varón, aunque de forma más lenta, también está despertando y dándose cuenta de su opresión, de que no tiene libertad de pensar y pensarse de forma distinta, de que sólo reacciona, de que tampoco sabe muy bien qué es ser un hombre, qué es ser un padre, de que lo que le dicen que tiene que ser y hacer, cumplir, en este sistema, tampoco le hace sentido. Van muy lentos aún los varones, pero van… no les queda otra, no nos queda otra como especie, la fuerza de la vida es muchísimo más grande que nosotros como especie, ya no digamos como individuos. Y la vida va a seguir en este Planeta Tierra, y la vida consciente va a seguir en este Universo. La creación no se agota en nosotros, y así como somos diminutos para lo "bueno", lo somos para lo "malo". Así como no nos ha sido otorgado el derecho a crear más allá de ciertos límites, tampoco nos han dado el derecho a destruir más allá de ellos.

Nuestro recurso creador comienza con la fantasía. Así que algo podemos hacer ante el drama: imaginemos nuevos mundos, nuevos varones y nuevas mujeres, nuevos vínculos, nuevas maneras de vivir los amores, pensemos de forma nueva y distinta. En cuanto imaginamos, lo empezamos a crear. Ojalá que todo este drama, que parece perpetuo, sirva para decir YA NO MÁS. Me bajo de este sistema, me voy… no sé a dónde, no sé con quien, pero me voy. No tengo por qué aguantar nada que no quiera, no tengo por qué soportar nada que no quiera soportar de absolutamente nadie. Me voy, con mi fantasía a cuestas, como el Loco del Tarot, a buscar nuevas aventuras, nuevos sueños, nuevos pensamientos, que estos de aquí ya me los conozco y en el mejor de los casos me aburren. Si me vas a amar igual que siempre, igual que he sido amada antes, me voy, paso, ya lo conozco, ya leí ese libro, y ya me sé el final.

Ese es el tema, ya nos sabemos el final de todas estas historias… Empecemos a escribir nuevas, ¿no les parece?