domingo, 3 de marzo de 2013

LA MUERTE

"We must be willing to get rid of the life we’ve planned so as to have the life that is waiting for us. 
The old skin has to be shed before the new one can come."

Joseph Campbell*



Si he de morir que sea con la Serpiente
que me inyecte su veneno
—que me transforme—
que me quite la piel
—que me transforme—
que me saque del paraíso
—que me transforme—
que me muestre la vida
—que me transforme—.


La Muerte se me presentó estos días. N
o la esperaba.

No le tengo miedo, 
pero respeto a la gran dama. Honro su sabiduría, su certera puntualidad. La prefiero de mi lado, siempre, para conocerla.

Llegó avisando, 
generosa.

Hicimos un pacto. S
e la llevaría sin miedo y sin dolor, a cambio de una promesa: que con su muerte yo también muriera.

Así que morí. D
ejé en los huesos de mi abuela el rencor, la lucha, el desencuentro y el dolor, que murieron con ella.

Siete claveles rojos 
fueron quemados al incinerarla. Uno por cada vida, por cada amor, por cada semilla.

La Muerte alimentada 
sonrió: "Ahora debes morir a la virtud. Sólo así quedaré satisfecha".

En un pequeño hatillo 
guardé mi amor, mi esperanza y mi agradecimiento. Dejé mi luz y mi pureza.

La tumba se cerró 
sellando mi propia muerte. 

La guarda una araña gigante con ojos de fuego. Ella custodia nuestra muerte, de aquellos que fuimos y que se pudrirán, para hacer hueco a una nueva vida, alimento de la Tierra.

Ella —la araña— que teje r
edes transparentes de amor divino, como el destino. Que sostiene, que crea y crea eternamente con la palabra sincera.

La araña cuidará de nosotros, 
mujeres y hombres valientes. Hasta que una nueva muerte nos obligue a morir de nuevo. Hasta que llegue el día en que la Muerte se asome y ya no encuentre nada, ni luz ni sombra, ni rastro de nosotros.

Una vez más 
la Muerte me ha dado la vida. Esta vez una vida ya sin muerte.

A Dios abuela.